sábado, 5 de julio de 2014

Ángel Lauviah 4 de noviembre.

Nombre: Lauviah “Dios Loado y Exaltado”.
Coro: Querubines, Ángeles al servicio de Hochmah-Amor. Ángel
Lo que otorga:
Sabiduría.
Obtención del poder.
Protección contra las tempestades, las naturales y las morales.
Consecución de la celebridad, gracias al talento.
Protección contra el orgullo, la ambición desmesurada, los celos y las calumnias.
Lección: Ser sabio y vencer el orgullo y los celos.
Sefiráh: Jojmá.
Horario de regencia: de 5: 20 a 5: 40 horas.
Se lo invoca para:
Generar amistades profundas.
Revelarnos el significado de los sueños.
Obtener talento artístico y literario.
Ayudarnos a salir de los tormentosos espirituales y la tristeza.
Dormir bien.
Tener compresión de las ciencias espirituales.
Cita bíblica:
Él es el Dios que me vindica, el que pone los pueblos a mis pies.
Salmos 18:47
Los nacidos bajo su regencia:
Aspecto evolucionado: tiene habilidad para entender mensajes y revelaciones simbólicas. El mundo astral se  manifiesta a través del inconsciente, ocurriéndoles visiones, premoniciones o imágenes de los mundos superiores. Sus facultades psíquicas son manifestadas a través de pequeños detalles, como la música, la poesía, la literatura o en la filosofía. A través de la nobleza de carácter su espíritu irradia una luz muy intensa interiormente. Sabe que su parte analógica es capaz de conseguir todo lo que quiere, principalmente cuando el pedido es hecho por alguna otra persona. Lo que sueña realizar se torna realidad. Podrá ser el pilar de su familia o un gran apoyo en donde trabaja. Sus cosas materiales serán conseguidas a través de mucha lucha, hasta a veces con sufrimiento. Tendrá una reacción agradable y cordial, reconfortante con las personas más próximas. Entenderá la tristeza, pues sabe conocer los mecanismos interiores del ser humano. Gustará de la Cábala y de la filosofía. Será una persona culta.
Lauviah: “Una sentencia sabia”
Un gran alboroto llamo la atención de los vecinos de aquel pueblo, los cuales se apresuraron hasta el lugar del incidente, donde pudieron ser testigos de la acalorada conversación que mantenían aquellos dos jóvenes.
Muy cerca de allí y llamado por la curiosidad ante tanta algarabía, un guardián encargado de mantener el orden, se acercó hasta la plaza donde ya se agrupaban muchos ciudadanos.
Paso… vamos, abrir paso -grito el guardián, al tiempo que intentaba abrirse camino entre la espesa multitud-.
Al llegar a su objetivo fue testigo de cómo aquellos jóvenes se disputaban a una asustada ovejita.
Bueno, ya está bien. Queréis decirme a que viene tanto escándalo? -pregunto malhumorado el guardián-.
El culpable es el -gritaron ambos culpándose mutuamente-.
Dado que no os ponéis de acuerdo, tendréis que comparecer ante el sabio Lauviah -exclamo el guardián ante aquel desconcierto-.
Una vez ante la presencia del sabio Lauviah, fue este quien dijo con voz suave, dirigiéndose a uno de los alborotadores.
¿Qué tienes que decir en tu defensa?
Señor Lauviah, el culpable es el, que pretende robarme la oveja que durante meses he criado.
Y tú, que tiene que decir en tu defensa? -pregunto al otro implicado.
Señor Lauviah, no es cierto lo que dice este ladrón, la oveja me pertenece -contesto con rabia-.
Bien, en vista de que difícilmente podremos saber quien de los dos dice la verdad, sacrificad al animal y repartiros la mitad para cada uno.
El segundo de los alborotadores al oír la sentencia dijo alegremente:
En verdad que sois sabio señor Lauviah, es una buena idea.
En cambio, el otro joven se encontrará triste y apesadumbrado, y fue este gesto de compasión el que hizo a Lauviah rectificar la sentencia, y dijo:
Entregad la oveja a su verdadero dueño para que la alegría vuelva de nuevo a su corazón, pues en verdad que su amor por el animal ha conmovido mi pecho.

Así fue como el Amor consiguió ser una vez más el revelador de la verdad.

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