sábado, 1 de febrero de 2014

Angel Yehuiah 7 de febrero


Atributo: Dios conocedor de todas las cosas.

Planeta: Júpiter.

Coro Angélico: Dominaciones.

Sefiráh: Jesed.

Horario de regencia: de  10:40  a 11 horas.

Se lo invoca para:

·        Reconocer a las personas traidoras y descubrir sus planes.

·        Traernos revelaciones sobre nuestros defectos y actitudes erradas.

·        Poner en evidencia situaciones ocultas.

Los nacidos bajo su regencia:

Será considerado un arquetipo de las obras de Dios. Estará usado por el mundo Angélico y su lucha será siempre para defender el bien. Comprensivo, simpático y amoroso, estará siempre bien relacionado y tendrá el reconocimiento de todos. Sabrá controlar su mundo interior adaptándose a la realidad y no permitiendo que las ilusiones lo sobrepasen. Luchará por desarrollar sus tendencias espirituales que son del mayor grado de elevación. Será benéfico a sus semejantes iluminándolos con sus buenas acciones. Luchará porque las personas no sean ignorantes, contribuyendo con aulas o recursos financieros para esta buena causa. Será un amigo bien y deberá ser muy cauteloso al elegir pareja porque necesita un hogar tranquilo para poder tener una personalidad equilibrada.

Cita bíblica:

El Señor conoce los pensamientos *humanos,
y sabe que son absurdos.

Salmo 94:11

YEHUIAH: ‘EL VALOR DE UN GUERRERO’


Las trompetas de palacio tronaron una y otra vez anunciando la llegada del gran guerrero.

Sus hazañas heroicas y el triunfo en las batallas habían creado una leyenda de el que le precedía ante la euforia del pueblo, que aclamaban su valor y gloria.

Yehuiah era adorado por todos. Los reyes lo respetaban y los Dioses le otorgaban su poder y su gracia.

Muchos pensaban que era un elegido y que le habían dotado del divino don de la inmortalidad.

En aquel día de honores, Yehuiah sería nombrado Príncipe de todos los ejércitos y Supremo Guardián del Orden. Con aquellas condecoraciones colmaban los límites de la bravura y del valor.

Con sus ultimas batallas, Yehuiah había conseguido eliminar a todos los enemigos del reino, llevando la paz a su rey. Así y durante los años venideros, toda la región vivió días muy felices.

Con la paz renació la prosperidad y la abundancia. Se respiraba salud y bienestar y todos convivían en la plenitud.

Aquella tranquilidad que al principio significaba una experiencia gozadora comenzó a convertirse en una situación monótona que ponía muy nervioso especialmente a aquellos que estaban acostumbrado a la acción bélica.

Fue por este motivo que a espaldas de Yehuiah se estaba fraguando una maliciosa acción que trataría por todos los medios de acabar con el. Aquella traición estaba dirigida por su lugarteniente, su hombre de confianza, que veía como su admirado jefe se convertía en un ser débil y blando.

Con su astucia consiguió reunir a 6 hombres a los cuales prometió grandes riquezas y honores si le ayudaban a poner fin a la vida de Yehuiah. La falta de escrúpulos y el afán de poder, hizo que aquellos hombres apoyaran las maquinaciones del traidor y le ayudaran a cumplir su plan.

Aprovecharon la oscuridad de la noche para confundirse entre las sombras y llegar sin ser vistos hasta las habitaciones privadas de Yehuiah.

Este dormía a esas horas y no podía sospechar el peligro que le acechaba.

Los traidores no tuvieron dificultad para burlar la guardia y ya se dirigían al lugar donde el valiente guerrero reposaba su cuerpo.

Mientras tanto y cuando ya el puñal de aquel malhechor se dirigía hacia su corazón, Yehuiah que se encontraba en el mundo de los sueños sintió como una voz lo avisaba:

-Despierta Yehuiah, tu vida está en peligro.

De repente y cogiendo por sorpresa a los asesinos que trataban de darle muerte, Yehuiab salto del lecho y empujó su espada. No fue necesario el combate pues el miedo puso alas a los pies de los traidores.

A la mariana siguiente Yehuiah desvelo el misterio y acuso a su lugarteniente de traidor. Pudo sentenciar su acción con la muerte, pero prefirió respetar la paz y dejo que se marcharse de la ciudad, donde no podría volver jamás.

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