lunes, 24 de diciembre de 2012

Reflexiones angelicales sobre el amor

En estos días que se habla tanto de vivir desde el amor y la conciencia, recibí un correo de una persona que me preguntaba cómo se podía definir y descubrir el amor. Atreverme a precisar qué es el amor, considero que sería delimitarlo, así que mejor le permitiré a la guía celestial en mi corazón que me inspire para escribir sobre algunas de sus facetas.
El amor procede de Dios, en consecuencia somos amorosos por nacimiento. Es nuestro derecho natural; posee la vibración más alta y es esa “sustancia” que nos une entre todos y con todo. Está disponible para cada uno de nosotros, pero es elección de cada quien amarse y ponerse en contacto consigo mismo. Al abrirnos al amor, nuestra conciencia despierta. Puedo asegurar que es su clave de acceso, la contraseña que nos permite abrir sus puertas y que esfuma miedos y juicios.
Donde hay amor, hay milagros porque transforma cualquier situación. El amor es magia veloz, lo sana todo, el amor lo es todo. Cuando amas, brillas; y como la luz, el amor no tiene límites. Entre más amor se entrega, más nace de nuevo para seguir dando, porque el amor es infinito e inagotable, jamás se pierde la capacidad de amar ya que se recicla y se renueva a sí mismo.
El amor no requiere defensa ni reglas humanas, no controla ni pone condiciones y respeta las decisiones del otro, aún si no se nos incluye en ellas; porque el amor no coarta ni oprime. El amor es un espacio sin muros ni paredes. No se puede encerrar, ni permite ser aprisionado. Su naturaleza es de expansión y libertad. No obliga, no tiene prisa, no exige, no espera nada; de hecho nada que sea forzado funciona.
Es tan grandioso el amor, que abarca todos los elementos y activa también nuestros sentidos. Desde el amor fluimos como el agua para aceptar las eventualidades de la vida, ahogar la tristeza y manifestar nuestras emociones, el amor enraíza y nos hace poner los pies sobre la tierra para perdonar y recobrar la estabilidad. El amor es aire porque comunica, transporta y nos refresca; es fuego, es la energía que nos mantiene vivos, calienta el corazón para seguir luchando por nuestros sueños, quema lo que ya cumplió su propósito y nos prepara para la nuevo. Es éter porque lo contiene todo.
Y en cuanto a los sentidos, desde el amor podemos percibir con nuevos ojos lo mismo de siempre que antes nos molestaba, expresarnos asertivamente con palabras cálidas, saborear y sacarle el gusto a las pequeños detalles, sentir sin tocar, escuchar detrás de los sonidos y del silencio mismo.
En la relación de pareja, el amor es entrega, es pasión, es cosquilleo, es flama, es confianza. A menos que confíes plenamente en la otra persona, no podrás amarla incondicional y plenamente. Detrás del amor verdadero está la amistad certera, aún en un noviazgo o matrimonio, cada uno necesita tener su propio espacio y respetar los tiempos y aprendizajes de la otra persona.
Los cimientos del amor son: confianza, libertad, autonomía, crecimiento, felicidad, compasión, apoyo y respeto, entre otros. Las bases del miedo: dependencia, posesión, control, manipulación, apego y duda. El amor es justo y siempre va de la mano de la amabilidad. Es entusiasmo, paz, esperanza, unidad e integridad, no tiene nada que ver con el sacrificio, la humillación o el maltrato. Siempre puedes elegir entre el miedo o el amor. La pregunta es: ¿estás practicando el amor?
Hay cosas que el ego enmascara y que las hace ver como amor o en su defecto, carencia de amor, como la soledad o la ausencia de una pareja, por ejemplo. Es delicioso estar acompañado, pero, ¿quién dijo que estarlo es requerimiento para sentirse amado? Si deseas recibir amor, entrega amor y obviamente empieza por amarte a ti mismo, respetando tus necesidades, teniéndote paciencia, reconociendo tu grandeza y divinidad, tratándote bonito. ¡Eres el consentido hijo del Padre, su tesoro!
El amor es tu esencia, ya está en tu interior. En lugar de estar buscándolo afuera, apóyate en tus ángeles y en especial en los Arcángeles Chamuel y Jofiel y empieza por redescubrirlo dentro de ti, eliminando todo esos conceptos errados que creías saber sobre el amor y que te acabo de mencionar, como extensiones del ego. Comprométete contigo mismo a vivirlo, a creer y a crearlo a cada instante, en cada inhalación. No dependas del supuesto amor de otro, ámate mucho y conscientemente; con determinación, ponle fin y despídete de lo que no te hace bien. Tus guías celestiales se ocuparán también de ti amorosamente y atraerás personas que te amen.
Sin importar lo que te haya ocurrido, abre tu corazón, no temas ser vulnerable y despójate de la falsa armadura anti-amor. En esos momentos en que tu mente te haga creer que el amor no está contigo, respira profundamente, renuncia a ese pensamiento erróneo e invoca a tus ángeles reafirmando tu naturaleza divina. Con tus propias palabras, expresa una plegaria al cielo o declara algo como: “Dios, soy (menciona tu nombre) tu hijo/a, ahora y siempre elijo sintonizarme con el flujo de tu amor en mi. Envíame Padre en este momento, más ángeles a mi lado para sanar esto en mi interior que me hace sentir no amado, ya no lo quiero más. Ángeles, abrácenme por favor y ayúdenme a enviar amor a mi corazón”. Centra tu atención en tu pecho, visualízate protegido por tus ángeles y cubierto con una esfera de luz rosada. Agradece la asistencia celestial y continúa respirando pausadamente, hasta que te sientas de nuevo en la paz y el amor de Dios. Termina tu oración diciéndote en voz alta: “Te amo”.
Tú ya eres amor, no importa tu credo, tu edad, si estás soltero o casado, si recién despiertas a la conciencia o si ya llevas labrado tu camino hace rato. El amor está en ti y lo expresas continuamente a través de tus palabras, gestos y elecciones. Así como amas, serás amado. Permítete sentir amor por todas las creaciones divinas. Busca la luz y el amor en tu hermano, en cada ser viviente, así te guste o no. Honra su individualidad, su belleza interior.
Que la luz aclare tu camino, que sostengas tu fe siempre, que el amor impulse tus acciones y responda a todas tus preguntas. Eres producto del amor: no busques afuera, lo que ya se halla dentro de ti.
Elijo a Dios y reafirmo su amor en tu interior y en el mío.
Martha Muñoz Losada.
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