jueves, 4 de septiembre de 2014

INSTAURANDO EL AMOR PROPIO.

Cuando me dispongo a escribir las lecciones angelicales, diversos son los motivos que me inspiran a hacerlo. Puede pasar que la divinidad plante un tema en mi mente (que es lo más frecuente), que haya estado experimentando alguna situación en particular o que recientemente haya visto en consulta pacientes con un patrón recurrente, entre otros. Esto último es la base de la siguiente reflexión.
Para empezar, te comparto un bello cuento Cherokee (tribu norteamericana), que hace ya rato largo leí.
“Una noche un anciano Cherokee, le contó a su nieto sobre una batalla que se mantiene dentro de la gente. Dijo: “Hijo, la batalla es entre dos lobos en el interior de todos nosotros.
Uno es el Mal. Es la ira, la envidia, los celos, la presunción, el dolor, el odio, la avaricia, la arrogancia, la autocompasión, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras, el orgullo, la lujuria, la superioridad y el ego.
El otro es el Bien. Es el gozo, la paz, el amor, la esperanza, la serenidad, la humildad, la bondad, la benevolencia, la empatía, la generosidad, la verdad, la compasión y la fe.”
El nieto lo pensó un momento y luego le preguntó a su abuelo: ¿Cuál lobo gana? El anciano Cherokee simplemente contestó, “El que tú alimentes.”
De eso se trata, de las emociones con las que nutrimos nuestro ser y específicamente, cuando nos sentimos en desarmonía, incomodidad, enojo, tristeza, decepción, es decir, “en batalla con otro”, es dentro nuestro donde está el trabajo de sanación por hacerse.
Y no solo es con personas que nos enganchamos, también con lugares y hasta con eventos, obviamente pertenecientes al pasado. De hecho, no son más que proyecciones que tejemos en nuestra mente para trasladar u ocultar el desamor que sentimos hacia nosotros mismos.
Ya he mencionado que nuestro mundo exterior es copia y reflejo de nuestro interior. De ahí, que es por dentro que debemos nutrirnos y fortalecernos de amor, esta es prácticamente nuestra misión prioritaria. Y, ¿de qué amor estoy hablando? Del real, el origen, el amor incondicional, el que nos brinda Dios. Luego, todo lo demás llega por añadidura y complemento.
Cuando reconocemos y aceptamos a Dios internamente, las demás expresiones del Amor Divino también surgen: el amor propio, al prójimo, el de pareja, la amistad, el filial, fraternal, a los animales, a la naturaleza en general, etc.
Entendiendo que el Amor de Dios ya es nuestro y nos pertenece, que somos amados infinitamente por el Creador y que es su Amor y el de los divinos ángeles lo que verdaderamente nos rescata de sentirnos íntimamente vacíos, el siguiente paso es aprender a amarnos a nosotros mismos.
Entonces:
¿Qué tal si te amas sin reservas ni condiciones?
¿Qué tal si te aceptas y le das valor a tu existencia, a lo que eres realmente y por qué no a lo que tienes que es todo lo que necesitas y te corresponde aquí y ahora?
¿Qué tal si ves más allá de tus figuradas fallas, honras el Dios en ti y recuerdas que eres completamente inocente?
No interesa lo que otros hayan hecho o dicho de ti; cuando te amas a ti mismo, cuando piensas, hablas, sientes y vives con amor y desde el amor, el drama y el conflicto dentro tuyo se esfuman y se funden en la certeza que representa el comprender que ya eres amado eternamente y que estás aquí para amar y ser feliz.
Eres un ser de amor y en consecuencia digno de ser amado. Pide a tus ángeles de la guarda que te lo recuerden constantemente y te ayuden a retirar cualquier rezago de miedo que te haya bloqueado de experimentar y observar el amor literal dentro de ti. El Amor Divino es verdadero, siéntelo y encárgate de instaurar el amor propio. Nadie más lo puede hacer por ti.
Llenos de la Presencia de Dios, ya no habrá espacio para luchas internas. Proponte entonces concederle cada día, más lugar al amor y menos oportunidad al ego de que se acomode en tu mente. Por supuesto, ya sabes a quienes puedes invitar en esta tarea: a tu equipo de ángeles, arcángeles y otros seres de luz.
Esta mañana, por ejemplo, muy temprano me desperté en gratitud con estos pensamientos de amor dentro y hacia Dios y le expresé:
Gracias Señor por mi despertar. Gracias por todo mi ser. Gracias por toda la asistencia angelical.
Elijo caminar siempre hacia ti, gracias por dirigirme.
Quiero verte en cada persona con la que hoy me encuentre, en cada acción, cada detalle de mi día.
Por mi libre albedrío, decido escucharte en mi corazón, esa es la única voz interior que atiendo. Háblame también a través de mis hermanos.
Gracias Padre porque puedo comunicarme; estoy dispuesta a usar mis palabras de manera asertiva.
Gracias por mi lucidez y claridad mental; es mi intención hoy y siempre crear a partir de la conciencia del amor.
Gracias por mis lecciones, estoy aprendiendo de ellas. Elijo sentir el gozo que proviene de la confianza de que Tú y los divinos ángeles me apoyan y acompañan. Yo contigo aprendo a amarme tal como Tú me creaste.
Gracias por sostenerme, por vivir en mí.
Gracias por el amor. Gracias por amarme, yo a Ti te amo con todas mis fuerzas y también elijo amarme a mí misma.
Amén.

Esta es una de las maneras, charlar con Dios, que con mayor frecuencia uso para instaurar el amor dentro de mí, permitiéndole que Él sea la mente con la que pienso y actúo. Si es tu elección, convoca a tus ángeles y hazlo tú también.
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