viernes, 4 de julio de 2014

Ángel Lelahel 30 de octubre.

Nombre: Lelahel: “Dios loable”
Coro: Serafines, Ángeles al servicio de Kether-Voluntad. Ángel
Lo que otorga:
Curación de las enfermedades.
Iluminación espiritual.
Renombre y fortuna en el mundo de las artes y las ciencias.
Conseguir el amor de una persona afortunada.
Protección contra la tentación de adquirir la fortuna por medios ilícitos.
Lección: Controlar la ambición desmesurada.
Sefiráh: Keter
Planeta: Neptuno
Cita bíblica:
El vengador de los inocentes se acuerda de ellos; no pasa por alto el clamor de los afligidos.
Salmo 9:12
Los nacidos bajo su regencia:
Tendrá mucha fuerza para cortar el mal. Es dotado de gran idealismo y equilibrio. Estará siempre prestó a ayudar a quienes lo necesitan, llegando a hacer sacrificios actuando de forma desinteresada. Es portador de una joya “rara” llamada Luz interior, pero algunas veces le puede faltar fuerza de voluntad e inclusive abandonar el campo de batalla. Pero en esta situación busca renacer sobre sí mismo. El símbolo que se puede asociar es la serpiente que se muerde su propia cola como símbolo de renacimiento. Siente la protección de Dios y del mundo angélico, pudiendo tener un fuerte contacto psíquico con su Ángel y puede conectar también con inteligencia de otras galaxias. Tiene gran facilidad para captar mensajes entrando en sintonía con el mundo de los espíritus  e inclusive de forma inconsciente podrá mover objetos. Podrá desarrollar de forma científica los conceptos que le son enviados desde el astral, pudiendo a través de análisis de textos tradicionales, simplificar los conocimientos para qué todos puedan entender la belleza de la ciencia de los ángeles. Trabajará para ser un hombre honrado y conocido por todos y usará su conocimiento para grandes causas, principalmente mejorar el nivel de vida y conciencia y de la humanidad. Por ser adepto a las ciencias tecnológicas no convencional, tendrá ideas para la construcción de hospitales, para utilizar curas espirituales, por ejemplo con la utilización de cristales.
Lelahel: “El poder de la luz “Durante cinco largos y penosos días, la tierra permaneció en la más completa oscuridad y en este periodo la humanidad quedo en manos del arbitrario poder de los seres de las Sombras.
 Cada mañana al amanecer, el Sol era raptado y hecho prisionero por los Señores de las Tinieblas, y el mal crecía y se multiplicaba entre los hombres que parecían complacerse en aquella enfermiza dicha.
La humanidad vivía sumergida en una horrible pesadilla, pero parecía estar hipnotizada por un misterioso hechizo que le hacía sentir un extraño placer por el vicio.
Todo comenzó cuando Kethip, el supremo rey de las tierras del Centro, seducido por un sueño de poder, violo la Sagrada Morada de los Dioses, donde crecía el Gran Árbol.
Disfrazado con una túnica de sabio, el ambicioso rey burlo la guardia de los Querubines que custodiaban el Templo. Llego hasta el lugar donde crecía el poderoso Árbol y se apodero de uno de sus frutos dorados.
Desde aquel día, la oscuridad de la noche surgió de los abismos y el Sol quedo destronado del firmamento. El rey Kethip feliz de haber podido vencer a los Dioses, llevo aquel fruto a su reino y a todos conto su hazaña. Todos le aclamaron y veneraron como el más heroico de los reyes. Esculpieron estatuas en su honor, y muchos quisieron imitar su ambición apoderándose de los frutos que otros habían trabajado.
En aquellos cinco días, fueron muchos los que se enriquecieron y fueron muchos los que empobrecieron. El poderoso pisaba al débil y todos luchaban por ser poderoso.
Una batalla infernal surgió en cada comarca, en cada pueblo, en cada aldea y en cada trozo de tierra, y pronto aquella guerra de poder tan solo les llevo a la enfermedad y a la depresión.
Pero a pesar de toda aquella agonía, aun había un rayo de esperanza para salvar a la humanidad, pues en la más profunda oscuridad de cada hombre, todavía parpadeaba un tenue rayo de luz.
Esa luz agonizaba y estaba a punto de extinguirse, pero entonces fue cuando todo cambio.
Desde la morada de los dioses se seguía muy de cerca la tragedia que asolaba la tierra de los hombres. Sintieron una profunda compasión porque su destrucción estaba cerca, pero no podían consentirlo, y por ello, mandaron a un enviado cuyo nombre era Lelahel.
-    Ve al mundo de la oscuridad y mézclate entre ellos, tu misión será engrandecer la llama que se está consumiendo.

Y así lo hizo, Lelahel se dirigió a aquel reino oscuro y a su llegada los seres de las Sombras temblaron, pues reconocieron en El, el sello del Enviado.
Los Señores de las Tinieblas viendo peligrar su gobierno intentaron evitarlo, pero el corazón de Lelahel no era sensible a la ambición, ni su mente se dejaba seducir por la ilusión.
La chispa de la Luz fue creciendo y en aquel nuevo día el sol logro vencer el asalto de la oscuridad. Lucio con fuerza y fue tanta su vitalidad que la salud volvió a los cuerpos enfermos.

Desde aquel día, la Luz siempre prevalecería sobre las tinieblas.
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