viernes, 4 de julio de 2014

Ángel Achaiah 31 de octubre.

Nombre: Achaiah: “Dios bueno y paciente”.
Coro: Serafines, Ángeles al servicio de Kether-Voluntad. Ángel
Lo que otorga:
Paciencia para soportar las calamidades de la vida.
El descubrimiento de los secretos de la naturaleza.
Descubrir el sentido de la vida cuando se ha perdido la fe en todo.
La capacidad de innovar y de ver lo que está más allá de los hechos probados.
Para combatir la pereza, la negligencia y la despreocupación.
Lección: Vencer las verdades convencionales.
Planeta: Neptuno
Sefiráh: Keter
Cita bíblica:
El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor.
Salmo 103:8
Los nacidos bajo su regencia:
Son personas muy espirituales pero a la vez tienen los pies en la tierra. Miran el horizonte pero tiene la mente en las estrellas.
Aunque no tenga instrucción formal, tendrá conocimientos que lo convertirán en una persona influyente. Estará siempre atento a las oportunidades que la vida presenta y a través de su intuición sabrá aceptar riesgos y sortear peligros.
Es obstinado y tenaz posee una gran habilidad para conocer todos los puntos de vista sobre las situaciones. Es altruista, inmensamente paciente y comprensivo con todos. Se podrá interesar por comunicarse con la naturaleza utilizando equipos ultrasensibles o al estudio de las potencialidades del cerebro humano.
Achaiah: “La Magia de la Paciencia”
De todos los profesores del colegio, Don Iván era el más querido, y a pesar de que muchos le creían un poco loco también era verdad que todos le consideraban su favorito.

No era un profesor como los demás, no, él no era anticuado. Su modo de educar era muy distinto, tal vez para muchos incluso excéntrico, pero lo cierto era que sus alumnos se sentían muy satisfechos.
Pero si queréis, podéis comprobarlo por vosotros mismos. Pasad conmigo a su clase y ocupad asiento, pero mantened silencio, os lo ruego, pues eso sí, a Don Iván le gusta el respeto.
-    Queridos alumnos, buenos días a todos. Hoy estudiaremos el secreto de la vida -explicaba Don Iván mientras paseaba entre ellos-. Veamos, tú mismo, ¿que crees que es necesario para que se produzca la vida? -pregunto a uno de sus alumnos-.
-    Pues vera usted Don Iván, así de pronto, no sabría qué contestarle -dijo titubeante-.
-    Bien, y tú qué opinas -volvió a preguntar a otro-.
-    La vida, la vida, para que haya vida hay que estar vivo, no Don Iván? -contesto muy nervioso el consultado-.
-    Bueno, ya es algo- le dijo Don Iván queriendo animarlos-. Pero se me ocurre una idea mejor. No habrá examen este mes, tan solo os pido una cosa, quiero una respuesta a mi pregunta. Aquel que la conteste estará aprobado.
Todos asintieron contentos de no tener que estudiar para el examen, pera antes de terminar la clase, Don Iván quiso dejarles un consejo.
-    No creáis que os va a resultar fácil, así que llevad cuidado.
La clase agoto su tiempo y la mayoría salieron corriendo, pues deseaban divertirse un rato. Tan solo la joven Achaiah se quedó y no quiso desaprovechar aquella oportunidad en la que se encontraba a solas con Don Iván para preguntarle algo que le preocupaba.
-    Don Iván, ¿puede contestarme una pregunta?
-    Como no pequeña, dime, ¿qué te preocupa? -contesto amablemente el profesor-.
-    Como podemos llegar a saber aquello que desconocemos? -pregunto la joven muy inquieta-.
Tan solo con paciencia, querida Achaiah, tan solo con paciencia. No lo olvides jamás.
Aquellas palabras quedaron muy grabadas en la mente de la joven Achaiah quien sentía una especial atracción por conocer los secretos de la naturaleza. Era una enamorada de los misterios.
Pues bien, el tiempo paso sin prisa, pero sin pausa, y el día en que debía entregar sus trabajos se aproximaba. Pero este detalle parecía no importar a ninguno, pues apenas si habían prestado atención a desvelar aquel misterio. Se habían despreocupado por completo, tan solo se interesaron por jugar y divertirse.
Sin embargo, Achaiah se lo había tomado en serio y cada día se dedicaba pacientemente a observar el crecimiento de las flores. Había sembrado una semilla y vio como de la tierra nacía su primer brote. Día a día comprobó que iba creciendo y cuando hubo alcanzado una altura considerable, asistió al milagroso momento en que aquella hermosa flor abría sus pétalos al sol.
Si, Achaiah había encontrado la respuesta. Sabía lo que era necesario para que se produjera la vida. Ella entusiasmada conto su experiencia a los demás, pero se rieron de ella, pues como iban ellos a perder su tiempo viendo como una flor crecía.
Y llego el día señalado. Uno a uno fueron consultados, y ninguno supo dar respuesta, pero cuando llego el turno de Achaiah, ella si supo contestar. Don Iván la felicito y cuando ya se marchaba, orgulloso de ella, le pregunto:
-    ¿Cómo has podido encontrar la respuesta?.

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