martes, 22 de julio de 2014

Ángel Ariel 8 de diciembre.

Atributo: Dios es mi luz.
Planeta: Sol.
Coro Angélico: Principados.
Sefiráh: Tiferet.
Horario de regencia: de  15  a 15: 20 horas.
Se lo invoca para:
Tener nuevas ideas que iluminen los nuevos caminos.
Agradecer a Dios los bienes que nos envía.
Tener revelaciones en los sueños.
Los nacidos bajo su regencia:
Tendrá ideas geniales, pensamientos sublimes, espíritu fuerte y sutil. Será discreto, pero con capacidad de resolver los problemas más difíciles, tomando sus decisiones en el momento correcto. Le gustará meditar y conocer formas para llegar al entendimiento de los asuntos místicos. Hará descubrimientos que beneficiarán a la purificación del espíritu a través del servicio en favor de sus semejantes. Utilizará medios tecnológicos como la informática, radiestesia, radiónica y técnicas de transcomunicaciones para aplicar a su búsqueda espiritual. Ocupará un lugar de destaque en la sociedad, su lema de vida es: conversando es que la gente se entiende.
Nunca faltará el respeto a las personas con experiencia todos los aspectos de su vida estarán dispuestos al triunfo. Su gran intelecto hará que astralmente tenga una corona de oro que representa la luz de la sabiduría. Representará el poder y la conquista de la armonía del hombre en su búsqueda divina.
Cita bíblica:
El Señor es bueno con todos; él se compadece de toda su creación.
Salmo 145:9
Ariel: ‘LA BELLEZA DE LA ARMONIA’
Acababa de llegar de la escuela y se sentía muy agotada. Era la época de exámenes y ello exigía hacer mayores esfuerzos para poder aprobarlos.
Aquella noche apenas si ceno. Estaba tan cansada que decidió ir a la cama pronto.
Así lo hizo. Despidiéndose de sus padres, la joven Ariel busco el reconfortable descanso que le iba a facilitar el sueño.
Dormiría durante horas -se dijo -, había acabado los exámenes y aquel pensamiento la tranquilizo.
Apenas recordaría a la mañana siguiente si tardo mucho en dormirse, lo cierto es que no hizo más que apoyar la cabeza en la almohada cuando su espíritu, dejo el desgastado cuerpo reponiendo energías.
Mientras que esto ocurría, el espíritu de Ariel viajo veloz por la región de los “Anhelos”, allí donde todo es posible con tan solo desearlo.
Alguien la estaba esperando. Era un anciano, aunque su avanzada edad no le impedía moverse con una maravillosa agilidad. Sus ropajes eran de una luz azulada muy intensa y su voz era melodiosa y angelical.
-Sígueme Ariel, te guiare al lugar donde deseas ir -le dijo el anciano -.
-Y ¿cómo sabes cuales son mis deseos? -pregunto extrañada la joven -.
-Yo sé de ti todo cuanto debo saber. Pero no te preocupes de eso y ahora ven conmigo -le contesto enigmáticamente el anciano -.
La joven Ariel le obedeció y vio como en un abrir y cerrar de ojos, se encontraron en un lugar totalmente distinto. Pero que maravilloso era.
Ante sus ojos tenía aquello con lo que tanto había soñado, la belleza.
-Escoge ahora que tienes la oportunidad de hacerlo -le dijo el anciano -.
La joven Ariel tomo un rostro y un nuevo cuerpo, y se sintió la mujer mas bella y hermosa del universo. Se volvió para dar las gracias a su benefactor, pero este ya no estaba.
Tendría prisa -pensó Ariel-, y siguió sus pasos. De repente se vio en su casa, con su familia. Su vida era normal, pero con la diferencia de que era la más guapa de todas las chicas de la comarca. Aquello la hizo feliz, pero su felicidad cambio muy pronto, pues todos los que habían sido sus amigos hasta ahora le daban la espalda, pues se mostraba engreída y arrogante.
Aquella decepción la atormentaba, y entonces deseo con fuerza volver a ser como antes, sencilla y humilde.
-También puedes mejorar eso -dijo una voz a sus espaldas -.
Era de nuevo el anciano, que le sonreía dulcemente.
- Que debo hacer para conseguirlo? -pregunto la joven Ariel -.
-Fácil querida niña, ¡desearlo! -le dijo el sabio anciano -.
Así fue, como la joven Ariel se encontró de nuevo siguiendo a su benefactor. En esta ocasión un paisaje diferente se le mostró. Ante ella había tres cofres. Uno contenía poder, otro riquezas y otro armonía. La joven tomo el ultimo y entonces, un fuerte alboroto hizo que el espíritu de Ariel retornase rápidamente a su descansado cuerpo. Miro por la ventana y vio como dos niños peleaban. Les llamo por sus nombres y al instante ambos dejaron la lucha para abrazarse cariñosamente.

La joven Ariel había adquirido una especial belleza, más duradera que la física, la del amor que sabe llevar a los demás la paz eterna.
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